154. IRA, MALDAD Y VERGÜENZA

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Están que trinan. Las feministas y abortistas. Estaban felices con las encuestas que señalaban a Hillary Clinton como presidenta de EE.UU. La primera orden ejecutiva de Donald Trump las ha llenado de ira. El gobierno norteamericano ya no podrá proporcionar fondos federales para las instituciones que promuevan o realicen abortos en el exterior. Según la Agencia de Cooperación Internacional de Estados Unidos (USAID), se destinaban aproximadamente 544 millones de dólares para dichos fines. No era poco. Trump reinstituye así esta política pro vida, que el presidente Reagan inició en 1984 y que continuaron los presidentes Bush, padre e hijo.

El 83% de norteamericanos apoya esta medida. Según S. Mosher -presidente de Population Research Institute-, con esta ley, la principal transnacional del aborto, Planned Parenthood, disminuirá sus ingresos en aproximadamente 40%. Mosher declaró que "los norteamericanos (…), más bien, queremos apoyar a los que hacen el bien alrededor del mundo, no a aquellos que promueven, realizan o hacen lobby para la legalización del aborto en países donde la mayoría de personas son muy favorables a la vida".

A estos buenos deseos, la maldad -teñida de despecho y rencor- ha respondido rápidamente. Dos días después de la ley de Trump, el 25 de enero, la ministra holandesa de Desarrollo, Liliane Ploumen, propuso la conformación de un fondo internacional para financiar el aborto seguro en el mundo, que ayude a paliar las "graves consecuencias" de este recorte. Ploumen reafirmó la falacia de siempre: "Esto tendrá profundas consecuencias. Prohibir el aborto no dará lugar a un menor número de abortos, provocará más prácticas irresponsables en la clandestinidad y un mayor número de muertes entre las madres". Añadió que "debemos compensar (…) ese golpe financiero con un fondo de amplia base, al que gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil puedan donar" y solicitó ayuda para "hacer posible que las mujeres sigan teniendo el control de su propio cuerpo". Toda una cruzada internacional a favor del aborto como un derecho.

Cambiando de hemisferio, el mismo 25 de enero tuvo lugar en el Senado de Chile la votación de una iniciativa que despenaliza el aborto en caso de riesgo para la salud "física y mental de la madre", de violación o de malformación congénita. Este proyecto -del gobierno de Bachelet- fue aprobado por 20 votos a favor, 15 en contra y 2 abstenciones. La vergüenza la protagonizó el Partido Demócrata Cristiano. De sus seis senadores, tres votaron a favor y dos se abstuvieron; solo uno votó en contra. ¿Dónde quedaron los principios programáticos del Partido? ¿Es que acaso se puede ser cristiano y estar a favor del crimen del aborto, o ser neutral y abstenerse? Si la bancada demócrata cristiana hubiera votado de acuerdo a sus principios, la iniciativa legal no hubiese prosperado, pues requerían de 19 votos para ir adelante y los votos en contra hubieran sido 20, una mayoría. A mediados de mayo sería la votación definitiva. Aventuro opinión, dada desde que Bachelet asumió su segundo mandato. La ley se aprobará y -aunque sea solo para tres causales- en la práctica abrirá las puertas al aborto libre en Chile. Lamentable.

Edwin Heredia Rojas
Arequipa, 2 de febrero de 2017

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